Hoy es un día gris, aunque el cielo de enero esté más azul que nunca. Hoy es día de despedidas y no hay rayo de sol que pueda espantar las sombras que rodean a Maite.
Ha estado toda la mañana viendo viejas fotografías donde se ve a sí misma de pequeña agarrada a la mano de su abuela mientras ésta la mira con adoración. Con un gesto rápido impide que una lágrima estropee la fotografía que aún sostiene entre las manos. Sabe que decir adiós duele y pensar que no volverá duele aún más.
En la cocina aún cuelga su viejo delantal y Maite no puede evitar ponérselo. Echará mucho de menos a su abuela, pero a su especial manera de cocinar también. Algo asoma en el bolsillo del delantal y a Maite le puede la curiosidad. Encuentra un pequeño sobre y su nombre escrito en él con la inconfundible caligrafía de su abuela.
Con el corazón en la garganta lee su contenido:
Maite cariño,
Con todas las historias que te he contado, ésta se me quedó en el tintero y no creo que haya mejor ocasión para contártela que ésta.
Cuenta una vieja leyenda que cuando Dios creó el mundo utilizó una pasta especial con los abuelos. Una pizca de sabiduría, tres cucharadas de abrazos interminables, medio kilo de experiencia y toneladas del amor más puro.
No sé si por mis arrugas han corrido ríos de sabiduría, pero desde luego he puesto lo mejor de mí en la tarea de ser tu abuela y si dejo un legado en este mundo eres tú, con tu sonrisa tan parecida a la mía y tu forma de guisar el pollo que, dentro de unos años cariño, no tendrá diferencias con la mía.
Como sabes, la vida a veces no me lo ha puesto fácil, pero sin duda me ha compensado con la felicidad que da la familia y en especial, los nietos. No te preocupes por mi partida porque me llevo conmigo todo lo que necesito, vuestro amor. Y no te preocupes cielo si no podemos vernos porque hay amores que perduran a pesar de la ausencia y personas que, aunque no se vean siempre estarán.
Te quiere y te querrá siempre,
tu abuela Lola.
Las lágrimas de Maite ya son incontrolables, pero en esta ocasión la felicidad que ha sentido durante todos los años compartidos con su abuela se abre paso entre la pena.
Después de leer la carta está preparada para despedirse, pero ahora cambiará el adiós por un hasta siempre.

Con cariño para todos aquellos que sufren la pérdida de un ser querido. Nunca se irán mientas los recordemos.
Precioso Ana, tus relatos llenos de cotidianidad y sentimiento. Felicidades.
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